“No soy el diablo, pero tengo un buen espejo”, dijo Jeffrey Epstein en una entrevista inédita que le dio a Steve Bannon, exbanquero, ideólogo de extrema derecha y aliado de Donald Trump. Dicho video pertenece a un nuevo lote de revelaciones sobre el financiero y depredador sexual estadounidense, en el que se revela el alcance de su red criminal y las decenas de celebridades implicadas con él por años.
La rara conversación entre ambos hombres es una muestra de la mentalidad del neoyorquino, que siempre se declaró sorprendido por su naturaleza, sin profundizar en sus crímenes. En un momento, Bannon cuestionó a Epstein sobre si las instituciones deberían aceptar dinero de un “depredador sexual de primer nivel”, a lo que le respondió crudamente: “No, el más bajo. Yo soy el más bajo”, aseguró para rebajar su nivel de criminalidad, sin dar más detalles.

Más allá de los delitos ya conocidos del multimillonario empresario, los correos electrónicos delatan situaciones desconocidas sobre el alcance de Epstein en sus conexiones con la élite. Uno de los nombres más mencionados es el del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aparece señalado en más de 4.000 ocasiones en los documentos publicados por el Departamento de Justicia.
Aun así, el mandatario estadounidense no tiene mayor implicación. En algunos correos, Epstein y Larry Summers, exsecretario del Tesoro y asesor de Barack Obama, se burlaban de la inteligencia de Trump. En otro, el financiero cuenta una anécdota de cuando apostó con Trump sobre si su entonces esposa estaba embarazada. O en otra serie de correos Bannon criticó al mandatario y aseveró que es un “incompetente” y un “genio estable que se está hundiendo a sí mismo”.

La nueva aparición más llamativa es la del CEO de Tesla y X, Elon Musk, en una de las menciones más comentadas por los usuarios en las redes sociales. Esto contrasta con las declaraciones anteriores del magnate, en las que siempre había pedido la desclasificación de los archivos en su totalidad y acusó a Trump de bloquear la publicación de los documentos. Pero las nuevas revelaciones lo dejan mal parado.
En 2013, el ahora hombre más rico del mundo y Jeffrey Epstein tuvieron una primera conversación. En ella, el financiero le preguntó por correo electrónico si tenía algún plan para la Asamblea General de las Naciones Unidas que se realizaría en Nueva York ese año y le comentó que vendría mucha gente interesante. Musk respondió que su empresa estaba a punto de lanzar el cohete más avanzado de la historia y que no quería viajar para la cumbre. En respuesta, Epstein le aseguró que se reunirían para conocer mujeres, sin recibir una aparente contestación.

Durante otra conversación revelada por la Justicia estadounidense, Musk manifestó su gran interés de estar en la isla donde Epstein abusó de decenas de menores de edad en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. “¿Qué día/noche será la fiesta más loca en tu isla?”, preguntó el CEO de Tesla. Otras conversaciones hablan del posible viaje al territorio insular en dos ocasiones más. Ante las acusaciones, Musk respondió que era “muy consciente de que algunos correos electrónicos (Epstein) podrían ser malinterpretados y utilizados por detractores para manchar mi nombre”, pero no hay pruebas de que hubiera ido finalmente.

El fundador de Microsoft, Bill Gates, es otra de las grandes figuras que está en el ojo del huracán por las revelaciones de los documentos. Si bien la presencia y cercanía del informático ha sido probada en otras entregas, en esta ocasión se ahonda más en su relación. Por ejemplo, con varias menciones sobre su matrimonio con Melinda Gates y lo desastroso que sería un divorcio en la opinión pública, que finalmente ocurrió.

Pero el comentario más controversial es cuando dijo que ayudó al entonces CEO de Microsoft a “conseguir medicamentos para lidiar con las consecuencias de mantener relaciones sexuales con chicas rusas”. La respuesta de Bill Gates no se hizo esperar. Sostuvo que nunca estuvo en la isla y que la información compartida era falsa. Mientras tanto, Melinda pidió a su exesposo responder por todas las acusaciones.

Otro de los sospechosos habituales en las relaciones con Epstein es el exmiembro de la familia real británica Andrew Mountbatten-Windsor, conocido anteriormente como el príncipe Andrés, quien por sus implicaciones con el depredador sexual fue echado de la realeza y perdió todos sus derechos reales. En un par de fotos incluidas en los archivos, se le ve agachado sobre una mujer, cuya cara fue censurada.
Además, los correos de Ghislaine Maxwell, cómplice de Epstein y condenada a 20 años de prisión por cinco cargos por el tráfico y abuso de menores de edad, narran que la famosa foto en la que Andrés está abrazando a la fallecida víctima Virginia Guiffre cuando esta tenía 17 años es auténtica. Esto desmonta la defensa que ha sostenido por años el hijo menor de la reina Isabel II, quien llegó a un acuerdo extrajudicial con la mujer que lo acusó de abuso sexual.

Otras figuras mencionadas dentro de los documentos son el cineasta Woody Allen, con quien Epstein tuvo varias cenas registradas. También se destaca el fundador de Virgin Group, Richard Branson, quien le sugirió que le pidiera a Bill Gates que intercediera por él cuando tuvo que registrarse como un delincuente sexual tras los cargos en su contra en 2008 por solicitar prostitución a una menor de edad.

Asimismo, hay menciones o fotografías del expresidente Bill Clinton y de Ehud Barak, ex primer ministro de Israel, así como de las estrellas del cine y la música Michael Jackson, Kevin Spacey, Leonardo DiCaprio, Naomi Campbell y Mick Jagger. También los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin. Hay menciones de haber interactuado alguna vez con Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, sin que esto signifique una actividad criminal de su parte.

Más escándalos han agitado el mundo. En Reino Unido, los documentos reavivaron la polémica en torno a Peter Mandelson, figura histórica del Partido Laborista y actual embajador británico en Estados Unidos. Los archivos muestran contactos y comunicaciones prolongadas con Epstein, incluso después de su condena en 2008, algo que la prensa británica considera políticamente explosivo por el estándar ético que se exige a un alto diplomático. No hay acusaciones de delitos sexuales contra Mandelson, pero sí cuestionamientos por juicio político y posible mala conducta en el ejercicio de cargos públicos, lo que obligó al Gobierno británico a dar explicaciones.
En el plano internacional, los documentos también mencionan a Børge Brende, presidente del Foro Económico Mundial (Davos), y a Casey Wasserman, dirigente del movimiento olímpico y cabeza del comité organizador de Los Ángeles 2028. En ambos casos, los archivos registran correos e interacciones sociales con Epstein o con Ghislaine Maxwell. Tanto el Foro de Davos como Wasserman han dicho que no hubo relación criminal ni conocimiento de los abusos.

Los documentos vuelven a mostrar la dimensión estructural del caso Epstein: un entramado de poder en el que durante años se normalizó la cercanía con un depredador sexual ya condenado. El expediente, lejos de cerrarse, sigue arrojando sombras incómodas sobre quienes lo rodearon.
