La idea de llevar dinero en efectivo cada vez que se sale a la calle, aunque sea una suma mínima para atender cualquier emergencia, ya no forma parte de la mentalidad de muchos jóvenes colombianos, quienes desde edades cada vez más tempranas tienen acceso a servicios financieros digitales.
Aunque sus padres les insisten en que los billetes contantes y sonantes son un respaldo cuando falla la tecnología, tienen aceptación universal y permiten rapidez en los pagos, muchos jóvenes se niegan a cargar dinero y prefieren manejar sus finanzas solo con el celular.

Una de ellas es María Fernanda Mújica, una estudiante de 24 años, quien explica que no le gusta cargar billetes, porque siente que cuando tiene plata en efectivo se la gasta más rápido que si la tiene en su cuenta de ahorros, aunque en la práctica, a la hora de pagar, el gasto es igual.
Durante décadas, el dinero en efectivo fue el centro de la vida económica cotidiana en Colombia. Comprar en la tienda del barrio, pagar el transporte o dividir una cuenta entre amigos implicaba inevitablemente sacar billetes del bolsillo. Pero esa costumbre está cambiando. Hoy, para una parte creciente de esta generación, el efectivo ya no es indispensable. En muchos casos, ni siquiera es la primera opción.
Una generación que prefiere transferir
La expansión de billeteras digitales, transferencias inmediatas y aplicaciones financieras ha transformado la forma en que las personas administran su dinero.
En la práctica, esa infraestructura ha cambiado hábitos cotidianos, especialmente entre las nuevas generaciones.

María Fernanda explica que su preferencia por el dinero digital, en lugar del efectivo, es más psicológica que matemática. “Un billete de $100.000 lo cambias y compras dos cosas y ya desapareció. En cambio, si lo tengo en la cuenta, siento que me rinde más”, dice.
Aunque la lógica financiera es la misma, $100.000 siguen siendo $100.000; la percepción cambia cuando el dinero está en formato digital. Las aplicaciones permiten ver el saldo en tiempo real, revisar movimientos y controlar gastos con mayor facilidad.

Pero el cambio no se explica solo por una sensación personal. También responde a una transformación estructural en los medios de pago.
Para María Fernanda, además, la comodidad pesa más que cualquier otra cosa. “Todo el mundo tiene transferencias. Mis amigos, el conductor del taxi, el de las empanadas, el del mercado. Entonces uno ya ni piensa en sacar efectivo”.
El auge de las transferencias digitales
Uno de los fenómenos más claros de esta transformación es el crecimiento de las transferencias electrónicas.
El sistema de pagos inmediatos Bre-B, desarrollado por el Banco de la República, ilustra bien esa expansión. Para marzo de 2026, la plataforma ya acumula más de 100 millones de llaves registradas y ha procesado más de 520 millones de transacciones, asociadas a 34 millones de clientes y más de 3 millones de comercios.

La compatibilidad de estas plataformas ha sido clave. Hoy es posible enviar dinero entre diferentes bancos o billeteras digitales de forma inmediata, lo que reduce aún más la necesidad de usar efectivo.
“Uno ya ni pregunta si alguien tiene efectivo”, dice María Fernanda. “Simplemente preguntamos: ‘¿Te transfiero?’”.
El fenómeno de las billeteras digitales
En paralelo, el crecimiento de aplicaciones financieras ha acelerado el abandono del efectivo.

Una de las más representativas es Nequi, la billetera digital del Grupo Cibest, que supera los 27 millones de usuarios en Colombia, según cifras oficiales de la plataforma.
Este tipo de aplicaciones permite enviar dinero, pagar servicios, dividir cuentas o hacer compras desde el celular, sin necesidad de una cuenta bancaria tradicional o de manejar efectivo.
Además, el acceso comienza cada vez más temprano. En el caso de Nequi, por ejemplo, los jóvenes pueden abrir una cuenta desde los 12 años, lo que facilita que las nuevas generaciones se familiaricen con el dinero digital desde la adolescencia.

Para María Fernanda, esa realidad es evidente en su círculo cercano. “Todos mis amigos tienen acceso a algún banco. Si salimos a comer, cada uno paga su parte por transferencia. Nadie saca billetes”.
Seguridad y practicidad
Otro factor que impulsa el cambio es la percepción de seguridad. Cargar grandes sumas en efectivo puede implicar un riesgo en ciudades donde el hurto sigue siendo una preocupación cotidiana. En cambio, el dinero digital permite bloquear cuentas o tarjetas en caso de pérdida del celular.
“Si me roban el celular, puedo bloquear todo”, dice María Fernanda. “Pero si me roban efectivo, esa plata ya se perdió”.
La facilidad para dividir gastos también ha contribuido a esta transición. Lo que antes implicaba buscar cambio o hacer cálculos con billetes, ahora se resuelve con un par de transferencias desde el celular.
Un país que todavía usa efectivo
A pesar de este cambio generacional, el efectivo sigue teniendo un peso importante en la economía colombiana.
El Banco de la República señala que el 78,6 % de los adultos todavía prefiere usar efectivo para realizar pagos, especialmente en zonas rurales o en actividades informales.

Esto refleja que Colombia vive una transición: mientras las ciudades y los jóvenes adoptan cada vez más los pagos digitales, millones de personas todavía dependen del dinero físico para sus transacciones cotidianas.
Las brechas de conectividad, acceso a internet y educación financiera siguen influyendo en esa diferencia.
El cambio cultural del dinero
Más allá de la tecnología, lo que está cambiando es la relación cultural con el dinero.
Para muchas personas jóvenes, el celular se convirtió en la nueva billetera. Allí reciben transferencias, pagan servicios, compran en línea y dividen cuentas entre amigos.

En ese contexto, el efectivo empieza a sentirse menos necesario. María Fernanda lo resume con una frase que refleja esa transformación: “Si salgo y no llevo efectivo, no me preocupa. Lo que sí me preocupa es salir sin batería en el celular, porque me quedo sin poder pagar.

Puede parecer una anécdota, pero dice mucho sobre cómo está cambiando la forma en que una generación completa entiende el dinero.
Porque para millones de jóvenes colombianos, el dinero ya no es un billete en el bolsillo, sino un número que aparece en la pantalla del celular.
