YESID LANCHEROS: Usted tiene convencido a un sector del país de que puede ser el próximo presidente. ¿Cuál es la ruta que se ha trazado para lograr ese objetivo?
ROY BARRERAS: He dicho que el próximo presidente de Colombia será de centroizquierda. Hay un centro que quiere orden, estabilidad, certezas, seguridad, y una izquierda que recoge luchas populares y heroicas de las que a sus líderes les ha costado la vida. Unir a esas dos poderosas corrientes, por ejemplo, permitió el triunfo de Gustavo Petro hace cuatro años, y lo permitirá ahora.
Siempre estuvo previsto que el candidato legítimo de la izquierda y yo, que soy el candidato del centro, compitiéramos en la consulta de marzo. Pero de manera inesperada, e ilegal, en mi opinión, sacaron al senador Iván Cepeda del tarjetón. Sin embargo, él ya tuvo la oportunidad de ir a las urnas en octubre pasado y de contarse. Le voy a compartir un dato que a veces se olvida: unos 11 millones de colombianos progresistas votamos por Petro en 2022. De ese total, 1.500.000 ya votaron por Cepeda (en octubre pasado) y lo eligieron como el candidato legítimo de la izquierda. Fue una votación muy importante y limpia. Los otros 9.500.000 no hemos tenido la oportunidad de ir a las urnas y convoco a ese potencial, y no solo a ellos; también invito a las personas que hace cuatro años votaron por Rodolfo Hernández, que querían otra forma de cambio, pero que ahora quieren un país unido, estable y que avance en las reformas sociales.

Y.L.: Pero Cepeda ya pidió no votar en su consulta, y Petro también dijo que no pedirá ese tarjetón. ¿Cómo recibe ese rechazo?
R.B.: Lo entiendo perfectamente, estamos compitiendo. Que la izquierda pura, esos 1.500.000 electores, no vote por el competidor es apenas natural. Ningún país dividido es capaz de afrontar los retos que se avecinan. Se necesita experiencia, conocimiento, capacidad política, corazón y sensibilidad para respetar y honrar ese propósito de inclusión social que ha sido, aunque algunos ciegos no quieran verlo, la prioridad de Petro.
También hay que oír el clamor de otro país, de la otra mitad de Colombia, que pide certezas, orden, recuperar la seguridad y un Gobierno que les dé garantías a todos. Eso es lo que represento en el tarjetón del próximo 8 de marzo. Espero que la inmensa mayoría de colombianos, que no quieren los extremismos, acompañe esta decisión de unir a Colombia.

Y.L.: ¿Usted por qué considera que puede ser una mejor opción que Iván Cepeda?
R.B.: Tenemos muchas diferencias que el país conoce. Pero déjeme mencionar algunas afinidades. Ambos hemos construido los caminos de la paz estable y duradera que firmé a nombre del Estado colombiano en 2016. También construimos juntos la defensa de los derechos de las víctimas. Fue mi ponencia la que reconoció el conflicto armado. Con Iván, María José Pizarro y la izquierda militante y activa, defendimos el plebiscito por la paz que perdimos en aquella ocasión y que significó renegociar el acuerdo. Luego le hicimos oposición con Petro, que era mi compañero en el Senado, y Gustavo Bolívar al Gobierno del Centro Democrático que prometió hacer trizas la paz. Logramos salvar la JEP. Luego, hicimos posible el triunfo de Petro. Iván Cepeda es un legítimo dirigente de la izquierda, originalmente del Partido Comunista, de la Unión Patriótica y del Polo, y luego del Pacto.
En mi caso, soy un hombre de centro, un liberal socialdemócrata. Durante los 17 años de mi permanencia en el Senado, 15 de ellos milité en el mismo partido, en La U, que hizo posible la construcción de la paz. De manera que tenemos esa historia. La unión de la centroizquierda va a poner al próximo presidente.
Y.L.: ¿Cepeda es de izquierda radical?
R.B.: Lo he conocido como un hombre dialogante. En los últimos días lo veo más irritado. Se está dejando llevar por sectores muy radicales que tienen una consigna sectaria y se equivocan. Quiero recordarles, fraternalmente, que la izquierda no ganó sola. Petro no ganó solo. Si Petro no pudo ganar solo, Cepeda tampoco podría, y yo tampoco. Necesito a esas fuerzas progresistas que nos ayudaron a elegir a Petro y necesito a la otra mitad de Colombia que quiera que el Gobierno sea de todos. Como lo dije cuando posesioné a Petro hace tres años y medio, el Gobierno tiene que ser para todos los colombianos, no para un sector. Petro lo ha dicho: el sectarismo divide, el diálogo une. Sigo en la tarea de unir a Colombia.

Y.L.: ¿Usted le brinda más confianza a Colombia que Iván Cepeda?
R.B.: En Ventaquemada, estuve reunido con medio centenar de campesinos y me dijeron: “Nosotros confiamos en que usted haga realidad la reforma agraria”. Cuento eso porque habla de la confianza de los sectores populares. También recibí el apoyo de la Asociación Nacional de Juntas de Acción Comunal. Son 65.000 juntas que dicen: “Confiamos en Roy”. También hay sectores de la izquierda que han estado conmigo desde siempre; por ejemplo, tengo el apoyo de la mayoría de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Sus candidatos están en mi lista. Hay más de 13 sindicatos que están conmigo, también la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, los tenderos de barrio; a todos ellos los convoco el 8 de marzo. Confían en que podemos hacer un Gobierno que sane las heridas. Finalmente, soy médico y hay dos heridas: recuperar el sistema de salud, que lo sé hacer, y sanar la polarización.
Y.L.: Pero, le insisto, ¿siente que le da más confianza a Colombia que Cepeda?
R.B.: Es lo que he hecho y está probado. En el primer año del Gobierno Petro, conduje el Congreso con la coalición más grande que ha tenido cualquier presidente y se aprobaron todas las reformas de manera tranquila. Había un gabinete paritario y confianza, confianza del Congreso, porque respeto el Legislativo. No hay democracia sin Congreso, la destrucción de los parlamentos lleva a regímenes autoritarios. Respeto a los alcaldes y gobernadores, que también son democracia representativa. Por eso le anuncié al país que voy a unificar el periodo de alcaldes y gobernadores para tener un solo plan de gobierno que una a Colombia. El mío será un Gobierno que se une con el Congreso, con los alcaldes, con los gobernadores, con los empresarios, con las cortes en un solo propósito nacional. Es lo que sé hacer.

Y.L.: ¿Y eso no lo podría garantizar Iván Cepeda?
R.B.: En los últimos días ha habido unas expresiones tan agresivas de sectarismo que no ofrecen un futuro dialogante, sino de confrontación. Pero, por supuesto, tengo que decirlo con claridad: la más feroz agresión contra la democracia, la amenaza más clara de que el país se divida y se fracture, la tiene el candidato de la extrema derecha (en referencia a Abelardo de la Espriella), que tranquilamente ha ofrecido exterminar a la oposición, exterminarla y destriparla. Eso, por supuesto, condenaría a Colombia a una fractura. El país no está condenado a ese dilema trágico de los extremistas. Colombia tiene la oportunidad de unirse. Permítame una cuña. El próximo domingo 8 de marzo, a los colombianos les pondrán sobre la mesa un tarjetón, hay que pedirlo, y ahí estaré donde siempre he estado desde el primer día que nací: abajo y en el centro.
Y.L.: ¿Qué pasa si su consulta obtiene más de 3 millones de votos? ¿Va a comparar ese resultado con los 2,7 millones de votos que obtuvo la consulta de octubre pasado, del Pacto Histórico, en la que participó Cepeda? ¿Usted tendría, entonces, más legitimidad?
R.B.: Quiero recordarles que fui fundador del Pacto Histórico, eso se les olvida a algunos compañeros del progresismo. Fui senador por esa coalición. El presidente Petro recordó hace varios meses que el Pacto había surgido en una conversación en mi apartamento, entre otras cosas, con Iván Cepeda, que estuvo allí presente. Pero no solo eso. Recorrí el país, antes de la consulta de octubre, invitando a la gente a votar por Iván, por la izquierda. En eso soy claro y leal. La izquierda tenía que elegir a un candidato legítimo muy fuerte. Y dije: “Un pájaro necesita dos alas para volar, la izquierda y el centro; ustedes tienen que sacar 3 millones de votos, y mi tarea es sacar otros 3 millones en el centro”. Esa competencia democrática y fraterna estaba prevista porque soy liberal, socialdemócrata, no soy un hombre que milite en los tres partidos que inscribieron a Iván. La unidad es la victoria del centro y la izquierda.
Por eso me llama la atención que les parezca extraño que vaya a competir en marzo para darles la oportunidad a los otros 9.500.000 colombianos que votaron por Petro hace cuatro años y que todavía no han tenido la oportunidad de ir a las urnas. Le pongo un ejemplo: la cabeza de lista al Senado del Frente Amplio es Gustavo García, joven liberal, exviceministro de Petro. Él es liberal; no es ni de la UP, ni del Partido Comunista, ni del Polo. Entonces, ¿no tiene el derecho de ir a las urnas y decir que quiere un Gobierno de unidad, de centroizquierda? Les digo a los más de 10.500.000 personas que votaron por Rodolfo, y que no quieren violencia ni extremos ni radicalismos: ¿no tienen derecho de ir a las urnas a decir: “Hombre, sí, confío en Roy, porque es capaz de darnos garantías a todos”? Se lo digo aquí, en SEMANA, queda grabado, todos tienen garantías conmigo.
Un presidente o un Gobierno que se dedique a perseguir a los opositores divide al país. Entre otras cosas, soy el autor del Estatuto de la Oposición. Todos tendrán garantías; aquí a los únicos que voy a perseguir es a los delincuentes, a los criminales y a los ejércitos mafiosos.

Y.L.: Si usted gana la consulta, ¿buscará un acuerdo con Cepeda? También hay un riesgo legal y es que usted estaría obligado a ir a primera vuelta, al igual que él. ¿Qué va a pasar?
R.B.: Cuando anuncié que no iba a dejarle la cancha libre a la consulta uribista, y perdóneme decirlo con esa franqueza, dije que el 9 de marzo, al otro día de la elección, iba a estar dispuesto a unir a la centroizquierda con el fin de hacer el mismo milagro de hace cuatro años y ganar la presidencia. Solo que en mi caso no habrá polarización. Tengo la misma disposición a la unidad a pesar de los ataques de los sectores sectarios que pareciera que quieren abrir heridas que después no se puedan sanar. Quieren negarnos el derecho democrático de ir a las urnas. Mantengo mi disposición al diálogo para unir a estos dos sectores. Sin esa unidad no hay victoria, no hay un compromiso por el cambio 2.0, que no es otra cosa que garantizar que se siga cerrando la herida social, pero sin dividir el país y sin fracturarlo. Sin graduar de enemigos a los empresarios o al Congreso, o a las cortes, sin desconocer a los alcaldes o a los gobernadores, que también son elegidos popularmente. Unir al país es posible en el propósito de avanzar en las libertades y los derechos y no retroceder a unas épocas de represión y violencia que el país no quiere volver a vivir.

Y.L.: ¿Usted quiere ser fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda o viceversa; es decir, que él sea su llave?
R.B.: Por supuesto, ese no es el propósito. Quiero sanar las heridas de Colombia, gobernar este país con un gabinete de expertos. Soy un hombre de 62 años, feliz, tengo cinco hijos, dos nietos, y la vida para mí es una bendición. Soy un hombre católico, creyente, y tengo la obligación moral de devolverle a mi país lo que sé, la experiencia que tengo. Soy médico, le insisto, sé sanar heridas, con personas que resuelvan el reto fiscal, voy a recuperar el sistema de salud y enfrentar el reto de la seguridad. Hay que tener la fortaleza y el carácter para recuperar el territorio y no dejarse engañar por los grupos ilegales con falsas promesas, mientras crecen, matan y extorsionan. Este país necesita productividad, que la economía crezca, que haya confianza; esa palabra quizá debe marcar al próximo presidente. Necesitamos confianza para que se invierta en Colombia. Necesitamos desarrollar trenes, dobles calzadas, puertos, aeropuertos, inversión extranjera directa, confianza en los mercados, seguridad jurídica, confianza de los campesinos, de los comunales, del Congreso y de la dirigencia política. Aquí no van a ser tratados como enemigos, sino como ejes de la democracia.
Y.L.: ¿Qué ha hablado con el presidente Gustavo Petro?
R.B.: Tengo una comunicación respetuosa con el presidente. Es cordial, fraterna, nos reímos, conversamos, analizamos, nos preocupamos juntos por una derecha violenta que quiere regresar y vamos a asegurarnos de que eso no ocurra. En esa consulta voy a derrotar a la consulta uribista, que además ya tiene una ganadora y es Paloma Valencia. Me temo que terminará haciendo fórmula con el señor De La Espriella. Por eso hay que derrotar esa consulta.
La conversación con el presidente tiene, por supuesto, un mandato de confidencialidad que no voy a irrespetar. Lo que puedo decirle es que comprendo absolutamente y comparto la posición inteligente de él. ¿Cuál es? Él dice no al sectarismo, que se expresen los sectores liberales de centro. La votación de esa consulta no es la de la izquierda, no es la del Pacto; al candidato del Pacto lo sacaron con trampa de la consulta, en el Consejo Nacional Electoral. Lo sacó el señor Hollman Ibáñez, que estaba impedido e inhabilitado. Me había preparado para ganarle esa consulta a Iván Cepeda, el 8 de marzo, pero lo sacaron de la competencia de manera tramposa.
Entonces, tiene toda la razón el presidente Petro en decir que los militantes de los partidos de izquierda, que hoy se aglutinan en el Pacto, no tienen candidato en el tarjetón. Ojalá votaran, pero tienen todo el derecho a decir que no van a votar esa consulta porque al candidato de ellos lo sacaron de allí. El resto de colombianos, que queremos un país unido, vamos a ir a votar.

Y.L.: ¿Roy es el candidato de Petro?
R.B.: No. El presidente me ha prometido a mí y a la sociedad colombiana que habrá neutralidad, como corresponde, y creo en su palabra.
Y.L.: ¿Iván Cepeda es el candidato de Petro?
R.B.: Creo que Cepeda es el hombre que tiene más afinidad ideológica con él. Y me parece que hay muchos sectores tradicionales que sienten esa afinidad y creen que Cepeda es el candidato de Petro. Pero también les digo: hay un montón de sectores de izquierda tradicional que dicen que no. Por ejemplo, el nombre de la consulta del Frente por la Vida lo puso el presidente Petro. Él bautizó esa consulta a la que también va a acudir el exconstituyente Héctor ‘Tico’ Pineda, fundador del M-19, compañero de Petro desde hace 30 años, constituyente de 1991. Aquí, en esta consulta, hay voces de izquierda progresista que van a reclamar el tarjetón porque le apuestan a una Colombia unida y no fracturada.

Y.L.: ¿Qué les dice hoy a María José Pizarro, a Gustavo Bolívar, a Camilo Romero y al propio Iván Cepeda, que han arremetido contra usted en los últimos días?
R.B.: Les tengo aprecio y respeto. Cuando posesioné al presidente Petro, llamé a María José Pizarro, en algo que sorprendió a todo el mundo, para hacerles un homenaje a las luchas sociales y al origen ideológico de esa izquierda. Me pareció lo correcto, lo justo, y así lo hice.
Ellos tienen que dejar de opinar desde el temor a ser derrotados. Creo que están viendo que tenemos una fuerza muy importante y saben que el resto de los colombianos que quieren un país unido y no sectario van a votar el 8 de marzo, y que ese hecho político va a cambiar el tablero electoral. Entonces, reaccionan por el temor de perder, y de manera agresiva, pero creo que deben recordar que la unidad es la victoria. Tenemos que estar juntos, como hace cuatro años. La izquierda sola no puede, y el centro solo tampoco. Soy capaz de unir a esos dos sectores, dándoles confianza a todos, también a la derecha y a las instituciones, de suerte que no se abran heridas y que después cueste más trabajo cerrarlas para estar unidos.
Mi propósito hoy sigue siendo llegar unidos para ofrecerle a Colombia una centroizquierda que honre los compromisos de las reformas sociales, pero que les ofrezca a todos los colombianos orden, estabilidad y garantías.

Y.L.: De ser usted el candidato de la centroizquierda, ¿cree que puede derrotar a Abelardo de la Espriella?
R.B.: Se lo digo con la mayor claridad: el hecho político del 8 de marzo es que va a decidir quién es el presidente. No tengo la menor duda de que Colombia no quiere extremismos ni radicalismos. Colombia quiere un Gobierno con experiencia. El pueblo colombiano sabe que es posible salir de abajo hacia arriba. Es la historia de mi vida; estoy orgulloso de las madres cabeza de hogar, de las madres solteras como la mía, de los taxistas que trabajaron como yo, del rebusque de la gente que puede salir adelante. Si el Gobierno les da un empujoncito, y ese Gobierno será el mío, los ayuda a salir adelante.
Y.L.: ¿Por qué cree que le ganaría a Abelardo de la Espriella en una eventual segunda vuelta?
R.B.: Porque son muchísimos más los colombianos que quieren un país unido que violento y fracturado. Son muchísimos más los colombianos que saben que se necesita un hombre de Estado, con experiencia, que conozca el aparato del poder, que conduzca ese potro, que pueda sacar adelante las reformas sociales concertadas, que les dé confianza a los mercados, que no odie a la otra mitad de Colombia y que no les ofrezca exterminarlos, destriparlos.
Es tan fácil que voy a pedirle a la derecha que no lo dude más, que no pierda mucho tiempo en la consulta del 8 de marzo, y que de una vez le dé la bandera a De la Espriella, el candidato que me queda más fácil derrotar.

Y.L.: ¿Qué opina de De la Espriella? ¿Lo conoce? ¿Ha conversado con él alguna vez?
R.B.: Hago el esfuerzo de encontrar algo positivo en cada ser humano. Me cuesta trabajo en el caso de De la Espriella, pero déjeme decirle algo positivo: es un showman. Ojo, Abelardo no es Rodolfo, se parece más a Milei en lo showman, y por eso puede seducir a personas equivocadas que, llevadas por el odio, la rabia o la moda, pueden pensar que un showman violento, que ofrece destripar a la oposición, podría gobernar. Él dividiría a Colombia de manera muy dolorosa. Eso no va a pasar porque el 8 de marzo los colombianos vamos a votar en contra de los extremismos y por un país unido. Ahí va a estar mi foto en el tarjetón, y mi nombre, Roy, que además no tiene muchos tocayos…
Abelardo promete la muerte y destripar a la oposición, exterminar al que piensa distinto; esa ha sido su vida, sus antecedentes, sus sociedades, con quienes se ha relacionado. Toda esa historia de narcoparamilitarismo, de Álex Saab, de David Murcia Guzmán, es una vida oscura y sórdida que le propone a Colombia la violencia y la fractura irremediable. ¿Cree acaso alguien en un señor que se propone perseguir a un expresidente? Eso divide a Colombia. Él propone montarlo en un avión de la DEA, insultando la figura de un jefe de Estado, mintiendo y diciendo que Petro es mafioso, algo que ningún colombiano cree.
Colombia no es Venezuela. Petro no es Maduro, se eligió democráticamente, tiene virtudes y defectos. Ninguna voz que proponga dividir a Colombia y perseguir a la otra mitad del país puede unir.
Quienes estaban en la centroderecha cometieron un error político, algunos de buena fe, y se sumaron a la consulta uribista. Van a perder con Paloma Valencia y su único discurso es anti-Petro. Son ciegos y no se dan cuenta de lo que yo sí veo en las calles de Colombia, y es que hay una mayoría enorme, el 48 por ciento del pueblo, gente humilde, popular, que quiere a Petro. Esa es una verdad, no la nieguen. Quien quiera gobernar con justicia social tiene que honrar ese reclamo popular y avanzar en las reformas sociales concertadas, viables financieramente, porque no se pueden pagar subsidios al debe eternamente, con un hueco fiscal enorme. Hay que poner a producir este país. Si no hay platica para pagar la deuda social, entonces no vamos a poder avanzar en el cambio social. Eso se hace produciendo con el sector privado, con inversión extranjera directa y con confianza, esa es la palabra clave.

Y.L.: Si usted es elegido presidente, ¿cómo haría entonces para tender puentes con los seguidores de Abelardo de la Espriella?
R.B.: Es que hay una diferencia enorme entre los seguidores de Abelardo de la Espriella y él. Es decir, la inmensa mayoría de los seguidores de él quieren seguridad, orden, certeza, protección, familia, valores. ¿Quieren eso? Soy un hombre católico, creo en las instituciones, creo que un país sin Dios ni ley está condenado a la violencia y, por supuesto, compartimos eso. En mi Gobierno no perseguiremos a nadie.
Con Roy ganamos todos, porque creo que un país unido permite que ganemos todos. Lo dije el 7 de agosto de 2022 frente a los colombianos en la Plaza de Bolívar, cuando posesioné al presidente Petro: el gobierno que inicia debe ser para todos, y eso no ocurrió porque la polarización dividió al país. Voy a hacer un gobierno para todos los colombianos.
Y.L.: A usted lo critican por haber militado en muchos partidos…
R.B.: Les agradezco que recuerden que tengo la más grande experiencia para gobernar y que les genero confianza a todos esos sectores.
Y.L.: Es decir, ¿no le incomoda ese cuestionamiento?
R.B.: Es como si a alguien le molestara que el piloto del avión que va a llevar a 400 pasajeros atrás tenga experiencia y haya trabajado como el mejor piloto en Lufthansa, en Avianca, en Iberia...

Y.L.: ¿Usted lo ve así?
R.B.: ¿Usted prefiere a alguien que no sepa cómo funciona un avión? Yo sé cómo funciona el avión.
Y.L.: Dada su experiencia, ¿busca ser el candidato que convoque a los partidos tradicionales?
R.B.: Esa es una gran pregunta. Llevo un año conversando con quienes desde el Congreso hacen que exista la democracia. Sin Congreso no hay democracia.
Y.L.: Es decir, la respuesta es sí, y más teniendo en cuenta que cada uno de los partidos tradicionales no tiene hoy candidato presidencial…
R.B.: La respuesta es sí, y lo verá el 8 de marzo. Ellos (en referencia a los partidos) están muy ocupados en su propia elección, en las listas al Congreso. Creo, por otra parte, que hay que cambiar el sistema político colombiano. Se trata de un sistema clientelista deformado, donde la competencia entre los partidos es interna y a codazos. Describí eso en el libro El culo de Antanas. Los partidos están tan ocupados en eso (en las elecciones al Congreso) que no necesariamente van a mover su maquinaria a favor de la consulta. Si así fuera, yo sacaría 8 millones de votos. Confío más en los lectores de SEMANA, en los colombianos independientes, de a pie, en el tendero, el comerciante, en el empresario que no quiere un país dividido y fracturado.
Y.L.: ¿Cuántos votos va a tener la consulta del Frente por la Vida?
R.B.: Como no improviso y hago pública mi manera de jugar, la cifra mínima es 3 millones de votos.
Y.L.: ¿Cómo ve La Gran Consulta por Colombia? ¿Cree que va a obtener más votos que el Frente por la Vida?
R.B.: Yo espero que no. La Gran Consulta se convirtió en la consulta de la derecha, que tiene ya una condena; es decir, va a ganar Paloma Valencia, lo saben todos. Cualquier voto por otro candidato es inútil, perdido, respetable, pero inútil porque no cambia el resultado. Esa consulta la va a ganar Paloma Valencia, quien terminará en una fórmula con Abelardo de la Espriella. A mí me da igual en qué orden vaya Paloma con Abelardo, porque igual los voy a derrotar en la segunda vuelta para unir al país.

Y.L.: A propósito de La Gran Consulta por Colombia, ¿no cree que debe presentarle disculpas a Vicky Dávila por su desafortunada frase “Trump, hazme tuya”? Ella no dijo eso y usted manipuló las palabras…
R.B.: Sí, es cierto, me pasé y fue un mal chiste. Lo que ella dijo fue: “Trump, ven, haz lo tuyo”. Es decir, que invadiera Colombia…
Y.L.: No. La frase hacía referencia a Nicolás Maduro…
R.B.: Fueron a Estados Unidos, inclusive, a intentar que fracasara la reunión entre Trump y Petro. Fueron a decir que Petro era igual que Maduro, que Petro era mafioso, que era un narcotraficante. Lo han dicho muchas veces y eso le hace daño al país porque nos estigmatiza. Colombia no es un país enfermo. Colombia es un país maravilloso, lleno de potencial económico, cultural y de biodiversidad. El colombiano es trabajador, berraco, sale adelante; quiero una Colombia unida. Pero tiene toda la razón, en ese comentario me pasé tres Doritos en el tono y no tengo ningún inconveniente en ofrecer disculpas. Es quizá la única vez que he hecho un mal chiste.
Y.L.: A propósito de Estados Unidos, ¿qué conversó con el senador republicano Bernie Moreno?
R.B.: Uno tiene que conversar con el contradictor. A mí me han llamado muchas veces a resolver problemas, al diálogo. En cada crisis encuentro una solución. Claro, había que conversar con los republicanos más cercanos al presidente Trump para ayudar a que la reunión saliera bien. Recordemos que había una tensión enorme en Colombia después de lo que hizo Estados Unidos en Venezuela con Maduro, que era un dictador. El régimen sigue de una manera que nadie termina de entender, en esa especie de cogobierno.
En esa visita, conversé con tres personas, hay un protocolo de confidencialidad; puedo decirle que el eje fundamental de mi conversación fue que Colombia no es Venezuela, que Petro no es Maduro y que terminará su periodo democráticamente. Sí habrá elecciones, porque (en Estados Unidos) les habían dicho que no, que no iba a haber, que se iba a romper la democracia, que Petro se iba a quedar a las malas. Todo eso, por supuesto, lo habían creído sectores republicanos de derecha. Todo colombiano que tenga la posibilidad de mejorar las relaciones internacionales, no solo con Estados Unidos, sino con Europa, con Oriente, tiene que hacerlo. Colombia tiene que tener las mejores relaciones con todos los países del mundo, independientemente de quién los gobierne. La prioridad de un jefe de Estado es el bienestar de los colombianos y así será en mi gobierno.

Y.L.: Si no pasa a la segunda vuelta, y en ese escenario se enfrentan Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, ¿apoya a Cepeda?
R.B.: Voy a ganar esta elección presidencial. Pero no hay la menor posibilidad de que vote por Abelardo de la Espriella o por alguien que proponga el regreso al pasado. Allí hay un dolor cierto, el de las madres de 6.400 falsos positivos. Hay una guerra cultural que se han inventado en Argentina, en Chile, donde piensan que las mujeres no tienen derechos y deben volver a la cocina. Es una cultura matriarcal que propone que la comunidad LGTBI es enferma y se le deben quitar derechos. Es una cultura que dice que los indígenas o los afros o las minorías o los campesinos tienen que seguir abandonados y olvidados. Esa es la receta de extrema derecha que nos ofrecen y nos ofrecerán en esa segunda vuelta. La receta de Kast, de Milei.
Los que somos progresistas, los que queremos que el país avance y sea incluyente, vamos a derrotar esa receta en esa segunda vuelta a la que llegaremos unidos los progresistas de Colombia.
Y.L.: ¿Qué no le gusta de Petro?
R.B.: El exceso de ingenuidad, por decir lo menos, en la paz total. Abrió 20 mesas de diálogo al tiempo con un cese al fuego que no lo cumplió nadie y que permitió que crecieran unos ejércitos mafiosos que han abusado y que siguen matando, extorsionando, ametrallando de manera cruel, como vemos todos los días. Hace poco ametrallaron a dos muchachos, a un policía y a un escolta de la UNP en Arauca, de manera salvaje, sin ninguna piedad. Esas personas tienen que ser sometidas por la fuerza legítima del Estado.
Cualquier proceso de diálogo, lo digo con toda claridad, que permita la paz en los territorios y el sometimiento a la Justicia y al Estado de derecho, requiere un Estado fuerte, inclusive para ser generosos en ese sometimiento a la Justicia. El Estado tiene que ser fuerte. Si es débil, los delincuentes toman ventaja en la negociación, que es lo que ha pasado en estos años.

Y.L.: ¿Usted va a acabar con las EPS en una eventual reforma a la salud?
R.B.: La estatización absoluta de cualquier función social y del Estado es un fracaso. Para dejar clara la premisa, los liberales no creemos en la estatización absoluta. Creemos en la tercera vía, que dice: “Tanto Estado como sea necesario, pero tanto mercado como sea posible”. Traigo eso al siglo XXI con una frase que me gusta de Mariana Mazzucato: “El Estado emprendedor de la mano de la iniciativa privada”. Cada tendero es un empresario y, por supuesto, no puede pasarse por encima del derecho a la propiedad privada.
Y.L.: Es decir, usted no acaba con las EPS…
R.B.: Yo no improviso. Soy el autor de 111 leyes y no pequeñas. Una de esas es la Ley Estatutaria en Salud, allí está escrito en mi ponencia lo que había que hacer y no se ha hecho. Las EPS tienen que desaparecer como existen hoy, voy a eliminar la integración vertical. Se necesitan auditorías especiales porque hay 102 billones de pesos que gastamos los colombianos en salud que se van a la banca y al sector privado, mientras las clínicas y hospitales están cerrando servicios. Hay EPS que cumplían y otras que robaban a las IPS, que son las clínicas y hospitales, muchas cumplían su deber, las mejores clínicas de América Latina, como la Fundación Santa Fe o la del Valle del Lili.
Pero también había un montón de clínicas de garaje con facturas falsas que se robaban el dinero. Yo sí sé reparar el sistema de salud, sé lo que hay que hacer y le digo: lo primero es trabajar intensamente en la financiación de la deuda del sector salud, hay un hueco fiscal, un déficit de 29 billones…
Y.L.: ¿Va a pagar esa deuda?
R.B.: Claro que hay que pagarla.
Y.L.: ¿Va a vender algún activo de la nación para eso?
R.B.: No hay necesidad.
Y.L.: Entonces, ¿de dónde sacaría la plata?
R.B.: Vamos a crear un banco de la salud que maneje 102 billones de pesos, de manera que los réditos financieros alimenten el propio sistema. Voy a titularizar la deuda, vamos a negociarla, a pagar una parte para que se puedan volver a abrir servicios. Vamos a garantizar que fondos soberanos, con este banco de la salud, puedan invertir en la compra de esa cartera con garantía del Estado a diez años, por ejemplo. Sabemos resolver problemas, voy a recuperar el sistema de salud en Colombia.

Y.L.: ¿Usted simpatiza más con Álvaro Uribe o con Juan Manuel Santos?
R.B.: Con Santos, se jugó todo por la paz, pero tengo respeto por todos los expresidentes de Colombia y aprovecho su pregunta para decirle algo. Aquellos que proponen como su principal motivo en la vida odiar a un expresidente y perseguirlo, dividen al país, es lo que propone el señor De la Espriella contra el que será el expresidente Petro.
El presidente Petro tendrá todas las garantías, toda la protección y, por supuesto, vamos a honrar su propósito de avanzar en un país más justo con las reformas sociales que hacen falta.
Y.L.: Algunos dirán que es lo mismo que puede ocurrir en la controversia judicial permanente entre Iván Cepeda y Álvaro Uribe…
R.B.: Yo dije en su momento que los fallos de los jueces ni se celebran ni se lamentan, sino que se respetan. Los expresidentes dividen al país. Cuando se condenó a Uribe por los falsos testigos, medio país celebró pensando que la condena era por los falsos positivos, por las madres de Soacha, por las masacres, toda esa cosa horrible que generó tanto dolor. Pero el otro medio país se lamentó porque vieron que estaban metiendo preso a un expresidente que para ellos es un ícono de la seguridad.
Cuando pasó lo contrario, unas semanas después, y otro tribunal absolvió a Uribe, los primeros que aplaudían a la Justicia se lamentaron porque dijeron que había impunidad, que el magistrado tenía vínculos con el uribismo, que parece que sí los tenía. No estoy de acuerdo con nada que divida al país. Todo lo que lo una y sane es lo que vamos a hacer. Un presidente no puede dedicarse a perseguir a nadie, salvo a los delincuentes.

Y.L.: Deme algunos nombres de personas que podrían conformar un gabinete de Roy Barreras…
R.B.: Tiene que ser un gabinete de expertos, en hacienda, en defensa, en salud. Le anticipo otra cosa: hay dos banderas que acompaño y que son las niñas consentidas del presidente Petro, la reforma agraria y la transición energética. La transición no es abrupta porque, como escribí también hace tres años y medio, sin petróleo no hay paraíso. Si usted no saca la riqueza de la tierra, con todo el cuidado ambiental necesario, no tiene con qué financiar las energías limpias. Entonces, se queda sin petróleo y sin energías limpias. Podría decirle tres cosas que vienen del Gobierno Petro y que voy a honrar: inclusión social, transición energética y reforma agraria.
Y.L.: ¿Usted mete las manos al fuego por el polémico asesor catalán Xavier Vendrell?
R.B.: Él llegó hace unos días a mi campaña y me dijo: “Yo soy un hombre de izquierdas y quiero que Colombia avance en el progresismo”. Él cree que Iván Cepeda podría perder la elección y, por tanto, dice: “Quiero garantizar el triunfo del progresismo y eso es con usted”.
Vendrell fue asesor de Petro en 2018, en 2022, es amigo de él y conoce al petrismo íntimamente. Fue el responsable de garantizar la operación de los testigos electorales, me va a ayudar en eso. Bienvenido él y todos los petristas de izquierda que quieren ir a la fija y ganar, y no correr ningún riesgo de perder.
Y.L.: ¿Cree que Iván Cepeda pierde frente a Abelardo de la Espriella?
R.B.: Pierde Colombia si estamos en ese dilema. Corremos el riesgo de que nos pase lo que pasó en Chile con la señora Jara, y gane De la Espriella. Es un riesgo que no merece Colombia. Voy a evitarlo garantizando que el próximo Gobierno sea progresista, de centroizquierda, que avance en el cambio y en las reformas sociales.
Y.L.: Te llamaré Kennedy, así se llama su libro número 12. ¿De qué trata?
R.B.: Ese es mi hobby. Acabo de terminar una maestría en Literatura Creativa en la Universidad de Salamanca. Amo la literatura. Esta no es una biografía, es una novela de un género que se llama autoficción, fue mi trabajo en la maestría. Penguin Random House decidió publicarla. Y le confieso una anécdota: le pedí a Penguin que la publicara con seudónimo.
Y.L.: ¿Y cuál era ese seudónimo?
R.B.: Leonard Franklin Slye (quien hace el prólogo).
Y.L.: ¿Y de dónde sale ese seudónimo?
R.B.: Es un cineasta, es el hombre que estuvo detrás de la creación de un personaje icónico en la cultura de los westerns americanos.
Y.L.: ¿Y el libro se llama Te llamaré Kennedy porque ese era el nombre que le iban a poner a usted de niño? ¿Kennedy en vez de Roy?
R.B.: Soy hijo de una madre soltera, nací en un barrio popular, en Las Cruces, en un inquilinato. Mi madre fue a una clínica de garaje que se llamaba La Clínica Buena Hora, porque creía que era la clínica que atendía a cualquier hora, como decía la propaganda radial. El médico era falso, cerraron eso. Cuando el muchachito se estaba muriendo, porque el tipo no sabía atender el parto, a mi mamá le dijeron que cogiera un taxi y se fuera al hospital Lorencita Villegas de Santos. Cuando iba para allá, dieron la noticia de que habían asesinado al presidente Kennedy. Ella, que era una mujer muy inteligente pero campesina, sola en el mundo, me decía, y así me lo contó años después: “No te mueras, chiquito, que tienes que ser alguien importante, como ese presidente que acaban de matar, te voy a poner Kennedy si no te mueres”.
El cura me salvó. Cuando ella fue a bautizarme y pidió que me pusieran Kennedy, el cura le dijo que ese no era un nombre, sino un apellido…
Y.L.: ¿Roy mejor que Kennedy?
R.B.: Me gusta más Brayan, Michael, Steven... En todos los que tenemos esos nombres hay una curiosidad y es que venimos de familias humildes, y a lo mejor se pensaba que si nos ponían un nombre gringo, nos iba mejor en la vida. Hoy agradezco esa chapa, Roy, porque no hay otro igual en el tarjetón. De manera que eso me va a facilitar ganar la presidencia de Colombia.
