Crédito

Crédito en dos minutos: la deuda silenciosa que crece entre los jóvenes

Aunque los montos son pequeños, las tasas de interés pueden ser altas y comprometer las finanzas personales.

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27 de marzo de 2026 a las 4:51 a. m.
El crédito dejó de ser un trámite bancario para convertirse en una experiencia digital inmediata.
El crédito dejó de ser un trámite bancario para convertirse en una experiencia digital inmediata. Foto: Getty Images

Pedir plata prestada en Colombia ya no se parece al trámite de antes. Hoy, para muchos jóvenes, el crédito no empieza en una oficina bancaria, sino en la pantalla del celular, una notificación en la app, una oferta preaprobada, un par de clics y el dinero llega en minutos.

Esa facilidad está cambiando la relación de una generación con la deuda, no necesariamente porque los jóvenes quieran grandes préstamos, sino porque cada vez tienen más a la mano créditos pequeños, rápidos y aparentemente inofensivos para pagar una matrícula, cuadrar el fin de mes o darse un gusto.

Diana Salazar, de 23 años, lo cuenta desde la experiencia. Necesitaba 500.000 pesos para cubrir un gasto de la universidad, abrió Nequi, vio la oferta y aceptó.

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“Se demoró como tres minutos. Fue demasiado fácil”, dice. Después vino otro crédito y luego otro más, en otras apps. “Como es tan rápido, uno no siente que se está endeudando. Uno piensa que es algo pequeño, que lo paga después, y ya”.

Su relato resume un cambio de fondo: la deuda dejó de sentirse pesada justo porque se volvió cotidiana, pequeña y digital.

Las cifras muestran que ese cambio no es una percepción aislada. El Reporte de Inclusión Financiera 2024 de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades señala que el 96,3 % de los adultos en Colombia tenía al menos un producto de depósito o crédito al cierre del año pasado.

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Pero cuando se mira solo el acceso al crédito, la cifra baja al 35,5 % de la población adulta. Dentro de ese universo, la tarjeta de crédito sigue siendo el producto de financiación más usado, con el 23,3 % de acceso, mientras el crédito de consumo llegó al 19 %.

Es decir, el sistema financiero ha ampliado cobertura, pero el acceso al crédito formal todavía no es masivo para todos, y por eso los productos rápidos y digitales ganan terreno como primera puerta de entrada.

Microcredito credito
Cada vez más jóvenes acceden por primera vez al crédito a través de plataformas digitales. Foto: 123RF

Ese avance está profundamente conectado con la digitalización financiera. La propia Superfinanciera ha dicho que el ecosistema fintech en Colombia creció el 387 % entre 2017 y 2023, impulsado por modelos de evaluación distintos, productos más flexibles y canales 100 % digitales.

En paralelo, plataformas como Nequi se convirtieron en actores de enorme escala: la app cerró 2025 con más de 27 millones de clientes, después de haber reportado más de 20 millones de usuarios en 2024 y más de 18 millones en 2023.

Para usuarios como Diana, ese acceso cambia completamente la percepción del crédito. “Uno no lo siente como una deuda grande. Es como si fuera plata que te adelantan, y después uno mira cómo se paga”, dice. Esa sensación es precisamente lo que se identifica como el punto crítico: el crédito deja de sentirse como una obligación financiera formal.

La oferta de crédito en esas apps también ayuda a entender el fenómeno. En su información oficial, Nequi explica que ofrece créditos desde 100.000 pesos y hasta 10 millones en libre inversión, y hasta 5.550.000 en crédito de bajo monto; en algunos productos, incluso habla de montos de hasta 25 millones y plazos de entre 1 y 60 meses.

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Además, resalta como ventaja que el proceso es 100 % digital, sin codeudores y, en algunos casos, incluso sin historial crediticio previo. Para el crédito de bajo monto, su centro de ayuda muestra tasas que van desde el 23,73 % efectivo anual hasta el 63,83 %, dependiendo del perfil del usuario.

En RappiPay la lógica es parecida, aunque el producto se mueve más por la tarjeta de crédito y los avances digitales.

La propia plataforma promociona que los usuarios pueden pedir dinero y recibirlo “al instante en su cuenta”, diferir compras hasta en 36 cuotas y usar avances digitales desde la app.

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Las nuevas herramientas financieras facilitan el acceso al crédito, pero también exigen mayor responsabilidad en su uso. Foto: Getty Images/iStockphoto

En sus tarifas oficiales, RappiCard mostraba una tasa del 24,99 % efectiva anual para compras, avances y mora en noviembre de 2025, con costos asociados de cobranza y algunos cargos operativos. La promesa vuelve a ser la misma: inmediatez, facilidad y control desde el celular.

Ese es justamente el gancho que atrapa a usuarios como Diana. “Al principio se siente como una ayuda. Y sí sirve. Pero después ya no es uno: son dos, tres créditos, y ahí es donde uno se puede enredar”.

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Su advertencia no es exagerada. En marzo de 2026, la Superfinanciera certificó para el crédito de consumo y ordinario un interés bancario corriente de 17,01 % efectivo anual y una tasa máxima del 25,52 %; para crédito de consumo de bajo monto, la referencia fue del 42,62 % y la usura del 63,93 %. En otras palabras: aunque los montos sean pequeños, el costo financiero puede ser alto.

A eso se suma otra realidad menos visible: los jóvenes están entrando al sistema crediticio muy temprano. En la respuesta entregada por DataCrédito Experian a Semana, la entidad explica que los grupos entre 18 y 28 años representan la mayor proporción de nuevos usuarios de crédito en Colombia.

Además, señala que cada mes cerca de 118.000 colombianos acceden por primera vez al crédito, lo que muestra una dinámica sostenida de inclusión.

Según el estudio de DataCrédito sobre innovación e inteligencia artificial, el 59 % de los colombianos ya ha interactuado con herramientas basadas en IA, incluidas aprobaciones rápidas de crédito. Para la entidad, esto amplía el acceso, pero también hace más importante la educación financiera y la comprensión de la capacidad real de pago.

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Ahí es donde el “endeudamiento silencioso” empieza a tomar forma. No se trata de una deuda escandalosa, de millones de pesos o de una hipoteca imposible. Se trata, más bien, de muchas obligaciones pequeñas que no se sienten como deuda porque nacen dentro de una experiencia de usuario diseñada para verse ligera.

Un botón que ofrece plata, una compra diferida, un avance rápido, un crédito para tapar un hueco, luego otro para pagar el primero o para cubrir un nuevo gasto. Y todo eso sin la sensación psicológica de estar entrando a una obligación financiera seria.

Diana, desde su experiencia, lo aterriza de forma más simple: “A mí nunca me han negado uno porque siempre pago. Pero sí me di cuenta de que es muy fácil acostumbrarse. Y ahí es donde toca tener cuidado”.

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Las plataformas digitales evalúan a los usuarios en segundos, utilizando datos y comportamiento financiero para aprobar créditos. Foto: Getty Images

El riesgo no es solo pagar intereses. También está el historial. DataCrédito recuerda que un mal manejo de estos productos puede cerrar puertas futuras dentro del sistema financiero.

Y aunque cada entidad tiene sus mecanismos de cobro y seguimiento, el deterioro del comportamiento de pago termina afectando la historia crediticia del usuario, justo en el momento en que muchos están empezando a construirla.

Por eso, el auge de estos créditos no debería leerse solo como una historia de mayor inclusión financiera. También es una historia de consumo inmediato, de tecnología que reduce fricción y de una generación que puede endeudarse sin sentir el peso completo de esa decisión.

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Diana lo resume mejor que cualquier indicador: “Sí, ayuda. Pero también puede ser un arma de doble filo, porque como todo es tan rápido, uno no alcanza a medir en qué momento ya comprometió la plata del mes siguiente”.

En Colombia, el crédito se está volviendo más digital, más ágil y más cercano. La pregunta es si, al mismo ritmo, también se está volviendo más consciente. Porque pedirlo hoy toma dos minutos. Lo difícil sigue siendo pagarlo.