Salud hernández-Mora: Abelardo De La Espriella ha sido claro: no habrá ningún proceso de paz y ustedes no son delegados ni negociadores, son criminales y van por ustedes. O se entregan o los dan de baja, como hicieron con Bendito Menor. ¿Qué hará?
Fredy Castillo: Me escondo, pero no estoy corriendo. Me escondo porque tengo un problema, una orden de captura en Colombia por el asesinato de un líder, pero no tengo nada que ver, soy inocente. Y tengo un pedido por narcotráfico. Quiero enviar un mensaje al doctor Abelardo De La Espriella, quien ya canceló los diálogos de paz que teníamos. Quiero decirle que en ningún momento nos hemos burlado de la Constitución de Colombia ni tampoco del Gobierno americano. Estoy dispuesto a someterme a la justicia, pero con unas garantías. Quiero ayudar a que el grupo Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) se pueda someter a la ley. Pero ¿quién me garantiza que yo me entregue y no me den 40 años de cárcel en Colombia? Estoy dispuesto a entregarme; sin embargo, me gustaría decirle al presidente que haya una ley de sometimiento. Yo me puedo entregar ahora, pero ¿las demás personas de mi grupo?
S.H.: ¿Significa que está dispuesto a entregarse a la justicia si hay una ley de sometimiento?
F.C.: Claro, con una ley de sometimiento. Dejo claro que no le tengo miedo al Gobierno de Estados Unidos. Si hay una ley de sometimiento a la justicia, unas garantías, me entrego, ayudo, aporto para que se sepan muchas verdades que Colombia debe saber. Y voy a Estados Unidos y arreglo mi problema directamente.
S.H.: ¿Cuáles son sus condiciones para someterse a la justicia? Su hermano, alias Muñeca, jefe máximo de las Autodefensas Conquistadoras de La Sierra, está preso en la cárcel La Picota.
F.C.: Me gustaría que hubiera una ley para cumplir las penas y se logre una paz real. Le digo al presidente que estoy dispuesto a someterme a la justicia de Colombia y de Estados Unidos. Pero él, como presidente y buen abogado –sé que lo es y ha tenido experiencia con asesorías que les brindó a grupos paramilitares anteriormente en los procesos de paz–, debe saber que yo tampoco voy a entregarme a la justicia sin saber cuántos años voy a pagar de cárcel. Ojalá cree esa ley; entregarme sin saber qué va a pasar con mi futuro es difícil. Decir que me va a bombardear, que me va a matar, lo puede hacer, meterme en una bolsa, pero eso no va a acabar con las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra ni con el conflicto en la Sierra Nevada o Colombia. Aquí, cualquier incursión militar que haya pone en riesgo a los campesinos, a los indígenas y a quienes viven del turismo. En la Sierra Nevada no hay coca ni base de coca, no hay injerencia del narcotráfico. Aquí se vive del turismo.
S.H.: Estuvo preso en Estados Unidos. ¿No le preocupa una nueva extradición? Una cárcel allá es más dura que una colombiana.
F.C.: Sí. Estuve en una cárcel de Estados Unidos, casi un año en los calabozos; los conozco bastante. Y, después, casi un año extraditado en España, en aislamiento, fue duro. Estoy tranquilo porque no soy un capo, ni jefe de la mafia; tengo mi conciencia tranquila. El Gobierno colombiano tiene que saber quién soy. Soy de familia, fui empresario, lo sigo siendo, así esté en el monte, pero me gustaría decirle al presidente, con mucho respeto, que se apruebe la ley. Y podré ayudar a que el grupo se entregue a la justicia. O yo solo estoy dispuesto a hacerlo: entregarme al Gobierno de Colombia con unas garantías. No lo pensaría dos veces; quiero arreglar mi problema jurídico. Este no es el camino. Pienso en el día de mañana y no sé en qué momento caerá un bombazo o me pasará algo. O me pueden matar acá. Quiero arreglar mi problema, estar con mi familia y ver crecer a mis nietos. Eso es lo que quiero. No soy un hombre de poder; el único que tiene poder es mi Dios. Yo soy un trabajador y quiero seguir adelante. Si no se da, hay que seguir hasta que Dios decida el destino.
S.H.: Hasta que le caiga una bomba...
F.C.: Si ese es el destino, hay que aceptarlo. No puedo entregarme ahora a la justicia sin tener alguna garantía.
S.H.: ¿Cuántos años estaría dispuesto a pagar de cárcel?
F.C.: Cinco años de cárcel.
S.H.: ¿Y su tropa también?
F.C.: No he hablado con ellos, pero uno puede hablar. El tiempo pasa rápido. Como me dijo un amigo: “Todavía somos jóvenes y podemos arreglar los problemas jurídicos”. El presidente es un buen abogado y sabe que no le puede decir a un cliente que se entregue sin tener garantías.
S.H.: Si a ustedes no les cumplió Gustavo Petro, que defendía los procesos de paz, ¿por qué confiarían en De La Espriella, que no cree en las negociaciones y les dice que se entreguen a la justicia o les envía un bombazo?
F.C.: Es difícil, pero pienso que, si se crea una ley, le vamos a creer. Si él la radica mañana y se aprueba en el Congreso en dos o tres meses, y nos dicen que nos juzgarán tanto tiempo y por tales delitos y hechos, uno sabe y les puede hablar a las demás personas y decirles: “Muchachos, vamos a arreglar el problema con el que quiera y quien no, pues yo me someto solo a la justicia”.
S.H.: ¿Qué porcentaje de las autodefensas aceptarían estos cinco años de cárcel de los que usted habla y cuántos no aceptarán?
F.C.: Puede pasar, muchos no se someterán. Si en el Magdalena hay, por ejemplo, 500 fusiles y se traen 400, se le entregará ese número al Estado colombiano.
S.H.: ¿Cuántos son en las ACSN y cómo se financian?, porque en la Sierra no hay matas de coca.
F.C.: Aquí hay un promedio de casi 800 hombres; es lo que tiene la organización. Nos financiamos con unos aportes que da el sector empresarial; el turismo y el narcotráfico pagan un impuesto. Ni el grupo ni yo somos dueños de una lancha o algo. A veces cogen lanchas con droga y dicen que son mías, del grupo, pero es totalmente falso.
S.H.: ¿Cobran peaje por la ruta?
F.C.: Correcto. La organización cobra peaje. No soy narcotraficante. Nadie puede decir que envié tantos kilos, una lancha, porque es falso. El Gobierno de Estados Unidos me pidió por narcotráfico; me imagino que en su momento estaré dispuesto a someterme a la justicia y aclarar mi tema en ese país.
S.H.: ¿También por la droga que sacan por los puertos de Santa Marta y Barranquilla?
F.C.: En Santa Marta. En Barranquilla, no.
S.H.: Usted y su organización formaron parte de la fracasada paz total de Gustavo Petro. ¿Qué consiguieron?
F.C.: Me encontraba preso en una cárcel de máxima seguridad en España cuando me avisan que me habían incluido en una resolución y el presidente (Gustavo Petro) había ordenado mi libertad para que sirviera como intermediario o vocero. Me alegré mucho porque dije: “Bueno, tendremos oportunidad de arreglar nuestros problemas y salir adelante”. Llegué a Colombia. Quedé en libertad, no como vocero de paz, sino a través de una revocatoria. Pero después ordenaron mi captura por unos hechos. Aclaro que a mí nunca me cancelaron la orden de captura; tenía una con fines de extradición a Estados Unidos que la Corte Suprema avaló y el presidente (Petro) lo que hizo fue suspenderla. Y aunque no me han capturado, yo siempre he estado dispuesto a un sometimiento a la justicia. Si uno ve que hay un presidente que está dando una oportunidad, uno trata de ayudar en las comunidades y de hablar con todos los frentes y todos los comandantes para que el grupo se desmovilice. Yo tenía una representación legal para hacer todo eso.
S.H.: ¿Qué les prometió Gustavo Petro?
F.C.: Un sometimiento con una ley que iba a crear. Él designó a unos voceros, entre ellos, Mauricio Silva. Tuve con él varias reuniones. Yo, realmente, no tuve ningún beneficio. No es como dice el doctor Abelardo De La Espriella, que yo burlé la ley colombiana y de Estados Unidos. Nunca la he burlado. Sí reconozco que me nombraron vocero, pero era para representar la legalidad entre el grupo y las comunidades, y poder llevar una mesa de diálogo.
S.H.: Es decir, fue más un blablablá que otra cosa.
F.C.: Sí, un blablablá; ellos prometieron suspender las órdenes de extradición y lo hicieron, también las órdenes de captura, pero nunca hubo una mesa de negociación donde invitaran a los campesinos ni a los indígenas para que estuvieran presentes. Del grupo hubo voluntad de sometimiento a la justicia porque siempre se hablaba de unas penas mínimas y una reparación. He querido arreglar mi problema, pero pasaron cuatro años y lamentablemente no se dio con Gustavo Petro y aquí seguimos.
S.H.: Pero se beneficiaron porque, gracias al Gobierno Petro, podían moverse libremente.
F.C.: Eso hay que decirlo, no hay que ocultarlo. Hubo ocho o diez personas a quienes les suspendieron las órdenes de captura y tuvieron ese beneficio. Por mi lado, no tuve beneficios. A mí me siguieron buscando. Me reuní con gente del Gobierno (Petro) y luego bombardearon la zona del encuentro, una zona indígena. Imaginen.
S.H.: Es decir, ¿usted se reunió con el Gobierno y después lo bombardearon?
F.C.: Sí.
S.H.: ¿Quién era para ustedes Bendito Menor?
F.C.: Trabajaba para la organización hace mucho tiempo. Lo conocí una vez porque mi hermano (alias Muñeca), la cabeza principal de la organización, lo nombró vocero y representante, como a mí, para llevar el proceso de paz que había con el anterior Gobierno. Estaba por La Guajira y era el que dominaba el territorio entre Riohacha y Maicao.
S.H.: ¿No les perjudicaba a ustedes que estuviera en las redes, grabara asesinatos y amenazara de muerte a Petro? ¿Por qué no lo expulsaron?
F.C.: A Bendito Menor se le enviaron varias razones, pero era difícil de controlar porque tomaba sus decisiones solo. A él, en su momento, le cancelaron su orden de captura; hubo varios comandos de la organización de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra que lo citaron y él nunca subió a una reunión. Siempre hacía sus cosas mal hechas. Le gustaba publicar su vida en redes sociales, mostrar cosas. Aparecía con sus fusiles, en camionetas, amenazando; graves delitos. Había un proceso de paz (con el Gobierno de Gustavo Petro) que había que cuidar, pero el Estado tenía claro que esos hechos los hacía él.
S.H.: ¿Por qué el Gobierno de Gustavo Petro no lo atacó? ¿Y por qué las ACSN no lo expulsaron?
F.C.: Eso se habló en la mesa de negociación con varios comandos de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra. Se pidió que él acudiera a una reunión, pero nunca acudió. Todo lo hacía como él quería hacerlo, a su manera. Mi hermano (Muñeca), el jefe de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, como está preso, nunca tomó la determinación de sacarlo. Más bien, lo que se quería era que no hubiera tanto homicidio en La Guajira y que él estuviera en la mesa sentado, como estuvimos nosotros, pero, lamentablemente, no se pudo.
S.H.: ¿Cuándo fue la última vez que habló con él?
F.C.: Cuando me llamó el doctor Silva (delegado del Gobierno Petro en la mesa de negociación), que quería un acercamiento con él, porque creíamos que estaba en Venezuela. No sabía que estaba ahí (en Riohacha), que llevaba varios meses en esa casa.
S.H.: ¿No ve redes sociales?
F.C.: No sigo redes, no tengo. Antes miraba lo que publicaba; me lo mandaba mi familia. Y se buscó línea para que ellos hablaran (Gobierno y Bendito Menor), para ver si le cancelaban de nuevo la orden de captura, que él se pasara (a Colombia desde Venezuela) y se metiera en la mesa. Esa fue la última vez que hablé con Bendito Menor.
S.H.: ¿Qué le dijo?
F.C.: Que él quería también arreglar su problema, pero sabíamos que quería más problemas porque eso de desafiar al Estado... También quería arreglarle el problema a su mujer, a la Bebecita, que él no sabía qué podía pasar, que posiblemente se podía llegar a un acuerdo, lo cual nunca se dio. Pero sabemos en el fondo que era difícil que estuviera nuevamente en un proceso de paz, sabiendo que había cometido cagadas; creo que hizo algo en Dibulla.
S.H.: Una masacre…
F.C.: Claro, una masacre, eso es full delicado.
S.H.: Otra en Maicao, aunque la negó.
F.C.: Muy delicado eso. Entonces ya yo tomé (gesto de distancia con las manos) con el tipo, porque era difícil una persona que se maneje sola, que no la controla nadie. Eso es un problema para todos.
S.H.: ¿No ayudaron a que lo localizara la Policía?
F.C.: No, de mi parte no tengo ese principio. Si uno quisiera, va por él; es más fácil. No lo hicimos.
S.H.: ¿Es cierto que el Gobierno Petro quería levantarle la orden de captura?
F.C.: Sí, yo creo que sí, porque eso se habló y se iba a hacer, retirar la orden de captura al Menor. Porque yo tenía entendido que él estaba en Venezuela y quería formar parte de la mesa para él poderse pasar (a Colombia). Por eso digo que me pareció extraño cuando vi la noticia de que estaba en Riohacha en una casa grande.
S.H.: ¿Le quería cancelar la orden de captura para reincorporarlo a la mesa?
F.C.: Exactamente, para que se metiera a la mesa.
S.H.: ¿A pesar de todo lo que había hecho?
F.C.: Sí, y él ya estuvo en la mesa seis meses.
S.H.: Es decir, estuvo seis meses sin orden de captura, luego se la volvieron a hacer efectiva por sus crímenes y, pese a seguir en lo mismo, ¿quisieron volverlo a incorporar a la mesa de negociación?
F.C.: Sí, Petro quiso volver a retirar la orden de captura a Bendito Menor. Creo que fue dos meses antes de que terminara el mandato del Gobierno.
S.H.: A Bendito Menor lo dieron de baja en una casa en Riohacha, ¿no le sorprendió que viviera tranquilamente en esa ciudad?
F.C.: Claro, total. Él siempre decía que estaba por Venezuela. Él había mandado la razón de que quería pedir la baja porque quería estar tranquilo, pero él vivía publicando en sus redes sociales que estaba en Riohacha. Divulgó recientemente un video donde se le veía en un carro amenazando a unos muchachos que paraban motos. Era extraño que dijera que estaba en Venezuela, cuando en sus redes se veía en Riohacha. No entendíamos por qué le echaba mentiras a la organización y mire dónde lo asesinaron. Era un riesgo que estuviera encerrado en una casa, donde podía ser localizado fácilmente.
S.H.: La Fiscalía ha dicho que Bendito Menor también tenía otra casa en la Sierra y que usted participaba de sus fiestas.
F.C.: Es totalmente falso. Si mira lo que sale en las redes sociales, hay una piscina que se ve en una casa diferente, muy distinta a donde celebró unos cumpleaños. Nadie tiene una prueba de que él estuviera en otra casa. Y yo nunca estuve en fiestas con ese señor.
S.H.: ¿Tomará su gente represalias por la muerte de Bendito Menor?
F.C.: Eso no puede pasar. Bendito Menor, en su momento, trabajó para la organización, pero ya no está; fue dado de baja. Él desafió mucho al Estado. Es el único que ha hecho eso. Y eso es muy delicado. El Estado es el Estado y hay que respetarlo. Si uno se encuentra en este lugar y el Estado hace un operativo, pues hay que defenderse. Pero hacerlo como él lo hacía, desafiando al Gobierno, no estamos de acuerdo.
S.H.: Bendito Menor controlaba La Guajira, ¿ustedes ocuparán ese territorio o llegarán Los Gaitanistas?
F.C.: Los Gaitanistas siempre han querido tomarse ese territorio, pero no han podido porque siempre han estado los muchachos de las Autodefensas Conquistadoras, que han logrado cerrar el cerco. Si analizamos la vía para llegar a Dibulla, no ha habido ningún conflicto desde hace un año porque se ha cuidado bien el territorio.
S.H.: ¿Ustedes ayudaron a que ganara Iván Cepeda?
F.C.: No. La verdad es que se dejó que la gente votara por quien considerara. Muchos lo hicieron por Abelardo De La Espriella; yo dije: “Bueno, bacano, el tipo ganó y ojalá pueda ayudarnos con los diálogos”. Él es un buen abogado y ahora, como jefe supremo de la fuerza pública y de Colombia, puede darnos una oportunidad. Y, de pronto, cambiar el chip. Que nos abra la puerta.